domingo, 3 de mayo de 2009

Hablar NO es Dialogar

Creemos que sabemos dialogar. Creemos que porque hablamos, dialogamos. Sin embargo, para el diálogo más profundo, hacen falta ciertas habilidades que no son comúnmente enseñadas en la escuela ni en la empresa.
En su obra “Sobre el diálogo”, el físico cuántico estadounidense David Bohm, propuso técnicas para aprender y desarrollar la práctica del dialogo.

El origen de la palabra diálogo es la conjunción de dia (a través) y logos (palabras). Es la búsqueda de una corriente de significados que fluye entre, dentro y a través de los implicados.

La gente tiene dificultades para comunicarse porque cada uno sostiene creencias y opiniones diferentes. Y no se trata de creencias superficiales, sino básicas y fundamentales de sus modelos mentales. Además no suele tolerar fácilmente el cuestionamiento de sus creencias más profundas y cuando las defiende lo hace con una gran carga emocional.

Como solemos identificarnos con nuestras creencias, vemos un cuestionamiento a las mismas como un ataque personal. Si compartimos opiniones sin hostilidad seremos capaces de pensar juntos, algo imposible, cuando nos limitamos a defender nuestras opiniones.

El espíritu del diálogo es ganar-ganar. No se trata de obtener más puntos o ganar una discusión.
El intento de persuadir o de convencer a alguien carece de todo sentido, no es nada coherente ni racional ya que, si algo es correcto, no es preciso persuadir a nadie y si alguien quiere persuadirnos, debe ser porque existe alguna duda al respecto, comenta el investigador.

Si tuviéramos un significado común, podríamos compartirlo, del mismo modo que compartiríamos una comida. Entonces participaríamos, formaríamos parte. En ese caso, todo el mundo se siente libre y la comunicación real puede fluir.

¿Por qué no dialogamos cuando hablamos?
En general poseemos varios vicios en nuestro diálogo, por ejemplo:
  • Interrumpir al otro antes que termine de hablar.
  •  No escuchar lo que el otro está diciendo.
  • Pensar en lo que vamos a decir mientras el otro aún está hablando.
  • Escuchar solo lo que nos interesa escuchar y no prestar atención al resto.
  • Escuchar sólo para encontrar puntos flojos del otro y ganar la discusión.

Bohm propone técnicas para el entrenamiento de grupos de práctica del diálogo. Mi experiencia como creador y facilitador de estos grupos, es realmente muy positiva.
Aquí se presentan las reglas para armar un grupo en su empresa:
¿Cómo practicar el diálogo?
  • Juntar un grupo de hasta 15 o 20 personas como máximo.
  • Colocarse en círculo para que todos puedan verse todas las caras. Puede haber al principio un moderador aunque con el tiempo no será necesario.
  • Solamente habla UNO por vez.
  • Todos los participantes se ven como colegas.
  • Libertad de expresión: no existe la obligación de decir, ni dejar de decir algo.
  • Agendar las reuniones periódicamente.
  • No tener ansiedad, los primeros resultados demoran semanas en aparecer.
  • Y lo más importante:
Suspender las suposiciones y creencias personales. Esto apunta a ser conscientes de ellas y ponerlas en suspensión para que podamos verlas y mostrarlas a los demás. Aquí se hace explícito, no solo lo que decimos, si no también porqué lo decimos. Así, se logra una comprensión mucho más profunda del otro.

Este aprendizaje grupal cimienta las bases de los equipos de alto rendimiento.
Algunos beneficios que obtuvimos en la creación de los grupos de diálogo:
  • Libertad para expresarse sin ser interrumpido.
  • Mayor respeto y cohesión en los integrantes de equipo.
  • Generación de confianza.
  • Capacidad de entender al otro sin necesariamente estar de acuerdo. Poder expresarlo abiertamente.
  • Baja muy significativa de la conflictividad y pérdida de tiempo, generada por discusiones y malos entendidos.

Entonces, ¿qué esperamos para DIALOGAR mejor?